La Vida es una cámara de tortura, de la cual solo saldremos muertos....
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Katiuska
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Un Suicidio Mental, Un Vomito del Pasado
18 de noviembre de 2010
Hola!!!! ¿Cuánto llevas observándome? Quizás ya algún tiempo. Ya no importa, ya me viste en todas mis facetas, rudas y sensibles, hasta en esas que solo me voy en el balance. Absorbes mi energía por las noches, y me levanto cada mañana fatigada de tu aliento y de una vida rutinaria que me mata a diario. No soporto el cuestionamiento de la vida y la desfachatez de tu rostro. Inundada en un mar de olvido en una tierra prometida, te embarcas a mi lado, queriendo estar puro de todo, cuando realmente escondes hasta tu alma. ¿Qué más quieres de mí? ¿Me dejarás vivir algún día a solas con mi ausencia de locuras y supuestos suicidios?
Es mejor que te quedes, pero en el limbo, de donde has salido y al cual perteneces, demonio pasional de descontrol y apego, quítame la incertidumbre de creer en vano, cuando tú negocias por los suelos como las víboras, excelente complacencia de humildad te arroja en esa ventana que dicen ser tus ojos. Llegas a ser tan patético en la realidad que todo se vuelve normal dentro de lo normal. Mi enorme posesión por las cosas no me permite liberar la sensualidad de quemar mis labios en pieles carnosas y sensibles a mi tacto. Devoraría hambrienta cada litro de sangre de cualquier extraño complaciente, pero solo en muchas noches me dejo llevar por las sombras del hielo que me acompaña en mi cama animal.
Espeluznante suenas cuando osas atacar mis sentidos, no más sentido. Cada segundo de tu ausencia me recuerda lo egoísta que llego a hacer, pero lo justo que me parece con los demás, y lo injusto de la agonía incesante de encontrar nuevamente a alguien y no oler a través de sus poros la misma grasa que antes podía emanar, elevando mis pupilas a extremos indeseables. Estoy atascada en un lugar evolutivo de cansancio, haciendo que las intenciones se vuelvan más hostiles y yo aún más varonil que tú. He perdido hasta la penúltima gota de inconsciencia que podía llevar hasta la profundidad mi horizonte, ahora solo me quedo sentada esperando a que amanezca y camino y camino, hasta que oscurece, muchas veces no me doy cuenta de cuánto tiempo pasa, solo sé que pasa.
¿Agotada? No. Me siento afirmada en un placebo, me atrevería a decir que en un espectro, quizás hasta como antes. O mucho peor. Porque ésta vez sí lo puedo tocar, antes solo podía olerlo, ahora todos mis sentidos están avocados a una tregua, a un trato, a una mierda. Soy tan sinceramente asquerosa, que mi inconsciente puede gritar suicidio. Pero pienso ahora no un suicidio cierto, sino un suicidio mental, un vomito del pasado. ¡Ya! De una sola estocada puede morir el toro.
¿Qué delimita mi conciencia? El mismísimo límite de la nada, No te creas muchas veces estoy agradecida de que hallas hecho todo lo que hiciste para arruinar esto, porque quien sabe si algún día se enamore de mi un judío. Entre la ironía, la poesía y la hipocresía tú te la juegas bien, hasta yo estoy aprendiendo más, de lo que podría aprender de otros continentes. Es justamente a donde pertenezco, y no es precisamente a ti, quizás Alaska, Japón y hasta tú Praga no se exceptúen de mi camino corto e inseguro, pero satisfactorio.
Que sorpresa recibirte y que alegría que te vas… Sé que no es justo, pero ¿Quién determina esto? Tú, yo el universo, todos al cipote. Mil lágrimas en mis sabanas, inundaciones temporales de neuronas, inflamaciones de pálpitos migrañosos, austeridades en mi cuello, y un corte de cabello que no me gusta, es lo que determina que pudo pasar. No lo creo, insignificante el tiempo y las rosas de alguien al cual ni me soportan. No existió delicadeza en lo más simple del juego, no está mal, pero le diste de comer a un mendigo con cuna, al cual su impureza determina como secta de clanes jóvenes. Muchos se emocionan de un barbarie que has hecho conmigo, perdiste el sentido. Hasta has perdido la esencia de ser verdaderamente tú a mi lado. Ya a esta altura no sé que es mejor. Me da igual todo.
Mi padre siempre me dijo: -Comparte hija. Ahora te puedo decir Papá, que he compartido. Y fue a ti, a mis chocolates, a mis ropas, a mis cosas, a mis comidas, a mis miradas, a mis caricias, a mis besos y he compartido hasta el hacer el amor, ya que tú sabor es más femenino que tus calzones. Cautividades del ser humano, mi padre me enseño a compartirte, ja. Que simple la idea de vivir por compartir la miseria que dejas, que otros recogen y luego te la devuelven hechas añicos. Suficiente… Suficiente… debo callar, cada palabra me delata en un sinsabor de mareos subcutáneos, extensivos en la enemistad de un prójimo cercano que podría no aproximarse en la decencia de la tranquilidad, de la dulzura que me corresponderá algún día.
Olvidada en barcos, proas y costas, con la salvedad de la sal piadosa que cauteriza mis heridas, sólo acaecería dormir en las praderas de las colinas de aquel lugar lejano a cual sueño con ir, al que tú ni conocerás. Me balancearé en las cortinas de vientos olorosos de duraznos y fresca hierba, me acostaré en el verdor del suelo profundo a cual dibujaré estruendosos silencios de gotas de manantial, fuera de tu voz en los capullos…
Le agradezco a mi ojos aunque no vean, cada ocaso que me brinda observar, porque cada uno es diferente, estés o no, él no dejará de salir para mí.
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Nuestra vida es como un sueño. Pero en las mejores horas nos despertamos lo suficiente como para darnos cuenta de que estamos soñando. La mayor parte del tiempo, sin embargo, estamos profundamente dormidos.
Ludwing Wittgenstein
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