Esta noche hay una fiesta en mi habitación. La Lágrimas vinieron, la culpa, la hostilidad, la inmoralidad, y sin dudar la compasión... La música suena tras un Dj mortal que desliza sus mezclas entre puntiagudas navajas que se cuelan en mis oídos, puesto que ha sido lo mejor que he escuchado en mucho tiempo, pero ha sido tan devastador que a hecho brotar los deseos más bajos de mi bipolaridad, cosa que siempre dejo salir a colación en este blog.
No sé si agradecerlo o cortarle el cuello a eso que llaman la careta. Pero es entonces cuando recuerdo que soy un fracaso revistiendo las caretas. Se acaban y no consigo la ideal, aunque sé que me ahogo entre el pacífico, y resulta ser que es una pecera... Me siento como el corroncho que veía con mi hermano mayor en aquella pecera del restaurante chino que mi papá nos acostumbraba a llevar.. Seré yo quien deba purificar todas las aguas en las que yo me sumerjo? Me perdono incuestionablemente porque mi misión de vida impartida es ayudar a la gente. Agradezco todo aquello que me han dado, hasta los golpes bajos... que caen muy bajos. Caen tan bajos que mis tendones que unen mis piernas con mis pies se divorcian el uno del otro y deciden irse cada uno por su lado, y entonces es cuando mi mente y mi corazón disputan por lo fracasada que puedo ser, o por lo afortunada que fui o seré, que a pesar de todo ni ellos me soportaron... Sonrío al pensar que loco fue que ellos se hayan ido sin mi, cuando en realidad yo no quería a la final irme con ellos, y es cuando pienso por algo se fueron, y finalmente le doy la aprobación a ese divorcio ocioso que nunca dejaba de molestar con sus demandas en mi escritorio.
No quiero abogados, quiero llorar porque sí, quiero desnudarme porque sí, quiero correr por la calle y bañarme en mangueras que salgan de los árboles, y si mi libertad condiciona a otro, que me extraditen, que me fusilen o vengan en venganza mil judíos en contra de mí. Nada ha pasado sin una causa justa o injusta y estoy consciente de que hemos escogido cada uno lo que creemos que merecemos.
No puedo andar por la vida enseñándote que podrían ser mejores las cosas, cuando ni siquiera yo soy mejor que nadie ni nada.
Consuelo de notas de piano y acordes de cuerdas tristes acompañan a una luna agrietada de ver pasar a la gente cada mañana.
Hay una lujuria miserable e insensata que se asoma afuera de mi cada vez que le place, pero yo insisto en dejarla cautiva, cuando en verdad ella ni lo soporta... Teje entre mis fantasmas, ella cree ser la sombra de todo aquel pasado, yo pido angustiosa que sea liberada de esa mortalidad indecente que acorrala mis ojos y me libra de las palabras de la purificación. Pero es cuando en sueños revelan la nostalgia y el anhelo de querer morir mientras vivo, de ahogarme en una botella de vino y cortarme la piel con acetato y cloroformo... Dejando huellas que marcaran siempre la existencia de lo indeseado.
A veces quisiera perder la memoria y hacer que no conozco a nadie, que sólo estoy yo en este mundo mio y gentil, a veces necesito cinco minutos conmigo misma sin nada más, y otras necesito la vida entera con gente conocida o desconocida. Una llamada de un desconocido al que no le haya aceptado ni agua por malicia, pero si me haya hecho cambiar de animo por dos segundos.
Sin embargo asisto a clases de yoga, (lugar al cual estaba reservado solo para mis desconocidos y yo, hasta que se unieron más a la fila de aquel montón atestado para hacer bultos en el mundo y decidieron escapar de mi para entrar más en mi) en donde me siento como Elizabeth de mi libro. Ella no podría concentrarse en su propia meditación, justamente me pasa a mí lo que a ella le paso en la India, aunque finalmente se dió cuenta que debía estar sola sin sus fantasmas para poderse recuperar del tsunami que venia a transformar su vida y de aquella tempestad que había sacudido su pasado. Estaba forjando su presente.
Yo tampoco me concentro, yo tampoco puedo respirar de manera lenta, y cuando medito mi mente me repite lo estúpida que soy tratando de meditar con ella allí. Yo le digo: Ok... comencemos profundamente, lento, muy despacio, exhala e inhala... - y es cuando ella me bombardea de preguntas y de comentarios, nunca para, nunca se calla, nunca piensa, sólo habla.... Elizabeth se encarna en mi... y en mi ferviente búsqueda por dejar atrás mi pasado agradeciendo siempre las buenas luces que dejaron en mi corazón...
Gracias a todos aquellos que asistieron a la fiesta en honor a la melancolía de la meditación de dos...
