¿Cómo nace un paradigma ésta noche de melomanía?

Esta es una de esas largas noches de consciencia muerta que inunda mi cabeza, tras una canción y otra, solo buscar respuestas inútiles de un pasado sin cordura, de un presente encantador y un futuro de inciertos, es comprensible encontrar las maniobras de mi esmalte de uñas, bajo las capas de remoción y sensatez de una nostalgia clara de caprichos y buenaventuras.

Puedo ver como viene mi muerte lenta después de cada segundo de esta plateada noche, son lágrimas que caen tras un sol arduo, unas cuerdas suenan en el fondo y el viento me congela los pies, me abro a una esperanza de creer, pero no sé en que creer, ya no puedo creer en ti, no existes. Es tu realidad a la que no pertenezco. 

Extraño las noches que te lloraron mis ojos, que mis labios estaban cerca de tu aliento y mis pies caían entre tus piernas, cuando tu calor no era ausente y solo sabia que aunque estabas muriendo yo también moría por ti. Ya no soy de aquí ni de allá, cariño... sólo hubo un comienzo y los finales están llegando sin yo haberlos ordenado en mi pedido de sal con hielo.

No puedo convivir con mis ansias de agonizar entre la soledad de mi ser, es imposible que estés en ese lugar especial, allí estas muriendo lentamente, no creí merecerme todo lo que vieron mis ojos y todo aquello que mi piel toco en los resplandores de unos fuertes vientos de esencia natural que emanaba de tus poros. Me siento que caigo en los brazos de  llamas ardientes, el calor llega hasta mis huesos calcinando todo aquello que pueda vivir dentro de mi. Estoy cayendo y no hay regreso. Pequeños torniquetes deambulan en mi terreno peligroso tratando de concentrarse en la misma sintonía de una canción.

Es mejor que no, bueno ya que más da, ya no sé que es mejor y que no, estas dentro como aguja penetrando en mi vísceras, no dejas que me desangre, ni que me muera en la lentitud de un tiempo inerte, como las sombras de un bosque en un noviembre sombrío, ya ha pasado algún tiempo y aún sigo aquí frente a esto escribiendo sin cesar, no contesto tus llamadas, ni algunos mensajes.... Tengo de ti miradas, caricias, sensaciones y torturas... 

El presente vendrá y yo me iré a morir en el olvido






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