20 de Abril de 2011
TE DAS LA VUELTA Y VUELVES A HUIR
Sólo quería viajar al universo de las constelaciones, tomar un autobús al desconcierto de incertidumbres que vagaban en mi subconsciente, y aferrarme un poco mas a la vida que aún no tenía, sin embargo no tome medida y me fui, a un viaje largo desde aquí, desde donde no pensé que atacaría a traición cualquier engaño en mí, y pensé que estaría más tranquila, más serena, más relajada, dormí casi toda la noche, tomando intervalos de tiempo para pensar, para ver por mi ventana, para escuchar la música que había en mi móvil con escasa batería.
De nuevo volvía a dormir, y recostada no me daba cuenta de las horas que pasaba en ese autobús, sabía que pronto iba a llegar. Estaba ansiosa, estaba agonizando realmente sin darme cuenta. Poco a poco fueron saliendo los rayos del sol entre las montañas, y como ellos iluminaban mis pupilas, tocaban con vitamina C los tejidos de mi piel mortecina, un aire arrebatador sacudía mi cuello, elevando mis poros como una gallina, me sentía débil sin saber porque, mi garganta se secaba, y mi lengua se tornaba aún más pesada, mis ojos encandilados no percibían con claridad la mañana. Quería detener el tiempo y regresar de nuevo a mi cama, y no haberme movido de allí. Él se tambaleaba de un lado a otro, pero aún así no podía cobijarme, mis manos heladas a pesar de los abrigos, ya mis pies no los sentía, estaba dormidos.
No tenía batería, no había parada cerca, quería ir al baño pero no podía moverme sentía que podía desarmarme.
Quería llamar a alguien, no quería bajarme en una tierra en donde parezco extranjera, estaba acompañada lo sé, pero ellos dependían de mí inigualablemente, me colmaba la esperanza de que llegaba, pero poco a poco mis piernas fueron sintiendo calor, un calor que recorría mi piel, era como aquel calor que podía sentir cuando estaba a tú lado, era como aquel calor que sucumbía mis extremidades cuando te hallaba cerca de mi cama, pero este calor era más denso, era el calor de la muerte entre mis piernas, mucho más allá de todo me había convertido en una asesina irrevocable e indeseada, rechazada por ti, dejada a la deriva.
El asiento de aquel lugar se tornaba pegajoso e iracundo, el extraño de al lado no se daba cuenta y era lo que más agradecía. Mi voz palidecida no emanaba fonema alguno, estaba atemorizada, asustada hasta la médula espinal.
Al bajarse los pasajeros ya que habíamos llegado a nuestro destino, fui la última en bajarme empapada de muerte que aún corría entre mis piernas, aún débiles, aún sedienta y con temores no tenía opción, o al menos eso era lo que pensaba en ese momento.
Pronto el maletero me entrega mi equipaje y procura ver mis ojos a través de los vidrios. revise mi móvil nuevamente y aún estaba sin batería, no sabía que hacer, encerrada en una terminal privada, decidí ir al baño, a ver que más podía sucederme, no había opción de como limpiar, como curar o como gritar ya ni fuerzas tenía, prontamente corrí hacía un taxi de la estación a desviar mis intenciones de saciedad y de dolor, sentía que podía caerme sinceramente, deje mi equipaje abandonado en la entrada y no me dí cuenta si el chofer del taxi lo recogió o no, sólo dije: - por favor lléveme al Hospital más cercano -, todo se llenó de mis fluidos, jamás pensé que todo eso podía estar dentro de mí, era la locura estacionaria de querer volar cuando ibas por tierra, era la locura de desaparecer sin que nadie te preguntase como, ni para donde, era la locura de llorar sin que nadie escuchase, todo iba lento cuando quería que pasase realmente rápido, no había opciones (en mi escrito repito muchas veces que no había opciones), pero es que realmente no las había, era el deseo de la supervivencia en pasta que me hacia respirar sin saber porque, era aquel fecundo ramal que pedía auxilio telepáticamente y aún así sola.
No supe más, ni como llegué, solo sabía que había llegado, las voces eran lejanas y sombrías, rasgaron mis ropas a doquier, como un salvaje hambriento, juraba que en cada jalón podían llevarse pedazos de mi alma de lo fuerte que tiraban. Yo quería parar mi dolor poniendo mi mano, pero colaba entre mis dedos, entre mis uñas, brotaba desde muy dentro, algo que no podía parar.
Al cabo de un rato no sabía como me llamaba, habían succionado tan fuerte que podía sentir una vez más como se dormía la punta de mis pies, me desgarrarón el alma, me succionarón el corazón y todo lo poco o mucho que podía haber tenido de ti dentro de mi. Estaba consciente en todo momento, vi sus pequeñas manos destrozadas, partes de sus cuerpos amorfos salir de mí, ahogada en llanto solo gritaba que los dejarán dentro, que ellos no querían salir, así, que los amaba, más que a ti, mas que a mi propia existencia de vida, que prefería morir y dejarles mi vientre para que nacieran feliz. Veía tu sonrisa en mi mente, quizás fue lo que siempre quisiste. Mis lágrimas caían al abismo de una camilla sin bacterias ni gérmenes, mis manos estaban llenas de sangre, no podía dejarlo hacer su trabajo, hasta que vinieron dos demonios para atar mis manos con sus garras, yo sólo gritaba sacudiendo la ciudad entera, quería que los recogieras y te los llevaras a otro lugar, quería que tomaras mis manos y murieras con ellos, pero mis ojos solo los veian a ellos caer a través de un tubo sin horizontes, ni escuelas, ni uniformes, sin helados, ni tv, sin salidas, sin abrazos y sin besos.... Y sin un TE AMO MAMÁ.....
No había nadie, de nuevo solo yo.... una madre a medias, una madre sin compasión, sabía que no iba a ser la mejor, pero ellos si los mejores, los mejores chicos, conmigo y sin ti.
No tenía voz, no tenía alma, mis ojos aún estaban encharcados, mis manos atadas a una realidad irrefutable. Habían pasado días y mi pelvis se congelaba más, me retumbaba en mis oídos el llanto de mis nenes, me llamaban, tenían sueño, los habían despertado. Yo les decía que estaba aquí....
Pude decírtelo una noche, y después ya no fui yo más, me caí en la fonda de mis propios gusanos amadrados, morí en la tierra donde nací, se fueron las cenizas al viento y no supe más de ti...
No borro de mi mente aquel instante que pareció casi una vida entera, y al verte, tú escuchas a medias, te das la vuelta y vuelves a huir....
