La gente le llama “Felicidad”. Un
proceso de risas, sonrisas y vanidad que excita, y a la final es un vacío
perecedero que esta dentro de mí. Estoy vacía y me he dado cuenta que no he
amado verdaderamente a nada ni a nadie, sólo han sido apegos sentimentales, los
llamados lazos sociales que se te enredan en la cercanía con los demás seres
humanos. Estaba en búsqueda de la seguridad de estar atada como grillete en la
pierna de alguien. Sin importar cuan necesaria era la libertad para mí.
Encuentro cercanos con Dios y con
el Diablo, en medio de una utopía de realidades, quien dice si es cierto o que
existe, o sólo me lo imagino cuando me drogo, o cuando aún queda droga en mis
neuronas, en mi sangre, en mi huesos. Droga que me escapa, que me centra, que
me conquista o como a muchos revela las verdades que no quisimos ver. Mil
maneras de drogarme me encienden entre la variedad de mis pensamientos. Los
labios, un cadáver, cocaína, chocolate o una copa de vino… Muchas hierbas o
sólo un cigarrillo, manejar en mi auto o dormir entre balas. Cualquier cosa
puede ser un bouquet para la cercanía con Dios… Soy propensa a garantizar que
la infidelidad, el erotismo, la soledad me excita… Pero es cuanto más dura me
descubro. Sentir el aroma de una brisa, o el polvo en el vidrio, la arena en el
agua, un pasado cercano, es cuando más
silencio hay entre mis ojos. Que básico se vuelve todo a mí alrededor, cada
escombro, cada esquina, cada mujer o cada hombre, me da igual quien pueda estar
o irse. No existe amor…
No hay lindas frases, sólo
guiones baratos de escritores patéticamente conocidos, con parlamentos débiles
y orgasmos en los oídos, una paja mental
precisamente. Un nacer para morir en tierras… Absurdo discurso charlatán
que apeoran los laberintos de estas salidas…
Una linda frase para mis presas, unas
lágrimas huecas que hidratan cada poro, es más una ilusión por jugar a no ser…
Una probadita de tus vísceras te creerá que te hace fuerte ante el resto,
cuando realmente las vísceras que has de probar son las de tus cadáveres. Tu dices
que debo tener cuidado. No existe amor…
Cuantos pinchetazos de una misma
jeringa, cuantos sueños aspirados del mismo billete, cuanta música suave al
fondo, cuantos tequilas, cuantas putas, cuantas deudas puestas en la puerta de
la nevera. La ciudad ruge tu nombre, entre alarmas y rosas negras, espinas y
venados, gusanos y mierda. Ambulancias que trasladan más antídotos de
destrucción, no ha precisión de la plaga que te posee después de un trago,
después de una aspirada, después de un polvo.
La oscuridad de la noche me dice
que No existe el amor… que siendo mortal eres más de lo que pueda existir, Latinoamérica
esta vacía. La “felicidad” de la que hablé es como una dosis de alta pureza que
no se encuentra a la vuelta de la esquina, entre las mil cámaras puestas en
cada avenida, en cada edificio, en cada casa, me doy cuenta que la vida de los
demás es más patética que la mía propia… Yo modifico los usos de los humanos simbólicamente
digeribles, sin compromisos paso a comer, sin compromisos paso a andar, sin
moral me atrevo a abrir la nevera y tomar de su sed… Intrigantes momentos del
pasar de los escoltas, vigilancia continua de ángeles que cuidan de los
suicidas, motoratones y sementales del orgasmo, polos del mundo, anécdotas
inconfundibles y seres de presión, y aun así Latinoamérica sigue vacía…
Carteles y conjuros, políticos y
sociedades, desconocidos y antisociales… y aún Latinoamérica sigue moviendo sus
caderas como perra en celo. Vives cegado de incertidumbre. Yo no me quedo vacía
estando vacía, me lleno de ti y de esas aspiradas nocturnas infalibles de lluvia
y sequia.
