Si me incendian en la hoguera por querer gritar que te quiero, que lo hagan,
Si me acusan de egoísta y falsa, diría que es cierto
Si me dicen que me aman, confesaría que Lo Siento.
No me quedaría ningún remedio... Deseo tomar tú mano y plantarte el beso más eterno que hallas tenido, condename por usar tu nombre en mis pensamientos, y regocijarme en el recuerdo de unas canciones que más que mías ahora nos pertenecen, tú piel, tú mirada, tu ascendencia, mi incertidumbre y mis ganas.
Ganas que rompen ecos y preguntas de extraños que no confunden, la confianza arraigada en falsos ejemplos conjeta que debenires asociados se entrelazan para bien o para mal, te pido cargame de tu incesante complejo de fortaleza, y olvidame cuando muera cada segundo en el pasado.
No me acuses de suplicar que inmortalices mis venas
No me acuses de echar en un vaso triste tus lágrimas que nunca mostraste y ahora que me relatas todo aquello las dejas florecer, no me acuses de intentos suicidas, ni de destrozarme la piel cuando te vas, aunque sea masoquista extermina mi cuerpo con hematomas de tu boca, estruja con tus manos mis músculos y deja caer en mi rostro cada gota de sudor que emana de tus pestañas sigilosas que miran entre abiertas y se esbozan por tu nariz cálida que estorba en mi mejilla, otorgándole fluidos en mi oreja, tras una investidura de tu barba rebelde. Estrujame dentro de ti, convierteme en tú piel de marcas e historias, que yo ya soy parte de tu presente y de lo que siempre quisiste.
Desintegra mi corazón con tu peso que incrementa de tu ansiedad, y aunque seas egoísta y el baño quede lejos o cerca, no me dejes ir ni un segundo.
Sé que me encuentro esta noche con una canción que tiene un coro que me enloquece, de verdad quise obviarlo, sólo lo dejo andar el play y mis lagrimales estallan, que tonta soy y seré, ya te lo confesé ese domingo por la noche, y otras muchas noches mas tu te confesaste, ahora inundados de ti, solo quedó una cosa que fue, amarnos?
Inmortalizo todo aquel momento que mi mente bombardea y que mis manos cansadas de escribir se deslizan entre un teclado qwerty. Completamente asustada de lo que eres, un ladrón de vidas, un acicalador de yugulares, un flagelador de labios, una descarga de energías y sensaciones, eres.... eres... tú sensacionalista que dramatiza cada sensación cuando mi cuerpo huye o se queda, o lo que puedo hacer o no hacer, aquel me ruega que no puede pasar una noche sin mí, el que me deteriora mis ojos y corroe mis entradas, el que se desliza en mi piel en una noche sin luz, y el ansia un beso este quien este, aquel que sopla mis pensamientos hasta mi montaña, y me pregunta cuanto le quiero, nunca vino un tiempo como este.
