Maldita Basura que me ha quedado
09 de junio de 2010
Le encanta lo que hace, intenta o vive su tiempo en torno a eso, se centra olvidando su interior, y hasta sus defectos, le inquieta calladamente lo que no dice, pero si le ocurre, al menos debe pasar por su mente trillones de veces, por más de que halla vivido su vida en las penumbras del silencio, puedo sentirlo como golpea contra mí, como fuerte viento costero, que no me deja abrir muy bien mi retina. Es insolente y hasta inerte, pienso y pienso, paso la noche observando a mi lado a un cuerpo que yace sobre mi médula, en constante succión de mi alma, que no necesita ser ventana para hacerme sentirme libre y a la vez ahogada por tanto aire que por ella pueda colarse. Sé que le llamaba en mis largas noches de angustia, y que era casi inevitable sentirme sola, cuando mil y un noches quería estar en su compañía, pero lo siento tan agobiado que es que como si estuviéramos solos los dos dentro de un cuarto de hospital psiquiátrico, en la espera de algo sorprendente que toque nuestra puerta. Cosa que nunca llegará por supuesto, o quien sabe, podría ocurrir de nuevo.
¿Qué si hay fantasmas con nosotros? jajajaja… Un montón. Muchos. Casi ni puedo mirarlos, me levantan la piel como agallas, y luego la tira al piso como escamas. No hay más lugar para más mierda, ya nuestra vida fue una mierda. Hemos decidido volver a comenzar lo que dejamos descompuesto años atrás, pero yo no estoy en mi mejor posición de convicción, aunque esté no estoy, no me entiendo, pero sumergida en este mar de depresiones y pasiones, me siento una masoquista con causa valedera para entregar la poca sangre que me queda, para que los cuervos terminen de comer. Millones de cuervos han comido de mí una vez; él no es un cuervo, no es un cuervo cualquiera, pero sí a la final debe ser cuervo, succionador de heridas y venidas futuras con vistas al mar.
Debo mirarle a los ojos cuando le hablo, pero agacha su mirada diciendo que tengo la razón. No quiero que diga eso. Quiero una acción, un hecho, no un accionar de hechos que vallan de camino al matadero, él querrá seguro matarse lentamente, es súbito, pero arrolladoramente inconsolable para mi cuerpo. La consideración se esfumó el mismo momento en que se fue. Y al igual que a mí, mil cuervos vinierón a él, comierón de su carne y, volví a encontrarlo, pero me dejarón un regalo… Las sobras de un vida confusa llena de fantasías y malversaciones, en donde él creía dormir placidamente. Yo debí comer podrido para llegar a él, me encantó el sabor de basura con gusanos, fue maravilloso encontrar el lado salado y cítrico de todo lo que pise por el camino, y que fue absorbido por mis pies, me intoxique, aún mi cuerpo guarda pequeños granos de contaminación que no me dejan concentrar cuando más lo necesito. Pero camino. Sigo caminando hacia un lugar que otro desea y, que yo sólo deseo estar con él.
Yo deseo hacer lo que me encanta, pero es difícil, no encuentro lugar alguno donde pueda explotarme, donde pueda sublevar todo mi inconciente. Quiero alejarme mucho más lejos de lo que estoy, sólo estoy apenas a unos cuantos kilómetros de infierno entre eso y yo, no le tengo miedo, de eso puedo estar segura, pero no me convence que exista y tengo que mirar como se revuelca en el lodo desde el lado del banquillo, es buena vista después de todo, lo malo es que me salpica. Es malo, bastante malo. A veces las manchas no se quitan de la ropa, así como las cicatrices de la piel, te dejan sucia igual, que desagradable olor emana ese lodo.
No me mires, mi voz se hace más grande y tengo fuerza, contigo o sin ti, soy yo. Da igual que te vallas o no. Miento si te vas si importa, pero estaré mejor, o tú estarás mejor así, sin mí, aunque lo disfrutes o lo hayas deseado toda tú vida. ¿Karmático? Ufff.... por supuesto que me doy cuenta que lo es, me lo dijo alguien seudo sabio, he seguido su consejo a medias, pero es extenuante seguir consejos. Me encanta arriesgarme para saciar mi paladar. ¿Vale el tiempo? Lo sabré después de que suba la montaña, y llegando a la cima diré si el paisaje es merecedor de una foto eternizadota.
Por lo pronto me queda seguir conduciendo esta ruta sin fin y con muchos desvíos y huecos, hay planicies estupendas, pero me cae la noche cada doce horas de cada día, y debo ir muy lenta, me enceguecen las luces del camino y, si duermo me puede comer un siervo.
“Las vacas son gordas, estamos en temporada de vacas flacas, pero la vaca sigue siendo gorda, y fastidia porque pide comida sin cesar, y aún así mi amo le da de su mano, sin sentir que la vaca por más gorda que esté no le dará leche a mi amo”.
.
